
Mientras que aparentemente es un titulo de Vengadores, este nuevo comic se lee como “Steve Rogers y sus Vengadores Secretos” y ha comenzado bien. Parte de eso viene por Brubaker que no da mínima presencia a los miembros del equipo sin descuidar que todos ellos están aquí a causa de sus relaciones con Steve. Este es su comic y su presencia de líder es sentida en el primer número. No hay escena desperdiciada que uno no vea como sus comentarios afectan a su equipo, como un discurso que Steve le da al Hombre Hormiga para que actué más como un héroe y menos como un tarado (“Tu tienes la oportunidad de ser un hombre. Da un paso adelante y tómala ó se un niño para siempre, Eric”) Hay un buen uso del carisma de Rogers, el escenario en TODOS los comics de los Vengadores, DEPENDEN DE ELLO. El carisma de Steve es lo que convence a personajes y lectores al ver que él esta 100% a cargo de todo. Brubaker vende mejor esto que Bendis.



Para que esta colección funcione, E.S.C.U.D.O. (la organización con alta tecnología que hacia cumplir la ley) debe permanecer cerrado. En el paso de los años, Marvel ya había establecido que fuese utilizado como un intermediario entre los héroes y grupos regulares que hacían cumplir la ley. Sí el concepto de la serie trata sobre héroes haciendo lo que agentes de E.S.C.U.D.O. harían normalmente con algunas complicaciones que solo los héroes pueden manejar, puede existir problemas en el futuro al ser repetitivo en algunas situaciones. También algunos lectores pueden no sentirse a gusto con la presencia de la paranoia todo el tiempo.
Mike Deodato y Rainer Beredo muestran fluidez y acción en el arte pero hay veces que la delineación es algo sosa, abusan de tonos negros, todo bañado en sombras. Mucho oscuro y opaco en ciertos cuadros con las mujeres que se ven en general con espaldas arqueadas como modelos. Al menos es mucho mejor que el arte “jovial” de Romita-hijo que hace que Rogers se parezca a un aspirante a modelo de 18 años. Si la historia es lo suficiente buena, eso ayuda para cubrir pequeñas fallas.

Escrito por Héctor Augusto Sovero Gastañeta.
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